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Masculinidad y alimentación saludable: ¿un estereotipo social?

Sin duda, alguna vez hemos escuchado historias, mitos y frases que nos dicen que los hombres que son verdaderos hombres no deben hacer dietas. Eso de comer verduras y hacer combinaciones de alimentos es terreno femenino. Esta ocasión trataremos un tema, tal vez controversial, pero fundamental para la salud de los varones, pues llevar una alimentación saludable es parte de los hÔbitos de una buena calidad de vida.



La idea de ā€œestar a dietaā€ o ā€œcomer alimentos saludablesā€ pensamos que es un asunto mujeres, pero: ĀæestĆ” bien que un hombre haga dieta o lleve un control en su alimentación?, Āæel hombre que cuida su alimentación, le hace mejorar su apariencia fĆ­sica o su salud y esto no es vĆ”lido?, ĀæserĆ” que los roles sociales influyen en las decisiones de alimentación y estilo de vida en los hombres sin importar su edad?, Āælas dietas son solo para las mujeres?, Āæel gĆ©nero influye sobre el consumo de ciertos alimentos como la carne y frutas-verduras? Estas son algunas preguntas que surgen cuando pensamos en el estereotipo social masculino, respecto de la alimentación.


En el contexto social, la masculinidad estÔ muy relacionada con hÔbitos alimentarios perjudiciales para la salud, esto debe a tres aspectos: 


  1. La variedad de alimentos que se consumen es limitada;Ā 

  2. Las porciones de los alimentos que, por lo general, son demasiado grandesĀ 

  3. El obligado distanciamiento de las conductas femeninas.


Estos factores incluyen al descuido de los patrones alimentación, sin dejar de lado la idea de que las expertas en la cocina son la mujeres, mientras que los hombres tienen pocos conocimientos sobre la compra de ingredientes, la preparación de los alimentos y el diseƱo de los platillos1,2 . Un ā€œverdadero, autĆ©ntico y realā€ hombre debe alejarse y desafiar lo que culturalmente se conoce como ā€œel control femeninoā€, por lo tanto, es socialmente aceptado que los hombres eviten los cuidados mĆ©dicos y las recomendaciones de alimentación.


A travĆ©s de instrumentos de evaluación que miden la percepción social de la masculinidad, se han realizado estudios conductuales, tanto en hombres como en mujeres, en poblaciones de distintos paĆ­ses como USA, Kenia, UK, Australia, Hong Kong, Cuba y MĆ©xico2–9. En ellos, se ha analizado cómo se percibe un comportamiento normal en cuestiones de gĆ©nero; es decir, lo que es aceptable para los hombres o lo que es aceptable para las mujeres. AdemĆ”s, se han revisado las conductas de una vida saludable que no tiene relación con el gĆ©nero como, por ejemplo: uso del cinturón de seguridad, actividad fĆ­sica, consumo de tabaco, entre otros, para tratar de entender su influencia sobre las conductas que se requieren para llevar una vida saludable.Ā 


Particularmente los hombres que siguen un modelo masculino tradicional tienen normas sociales y patrones de socialización que se consideran factores de riesgo para la salud.2,3 Otros aspectos sociales como la edad, el nivel de educación, los ingresos económicos, la cultura, las diferencias raciales y la religión, tambiĆ©n impactan sobre la alimentación de los varones. Otro aspecto es la edad, pues marca diferencias en los patrones de conducta alimentaria. Los hombres mĆ”s jóvenes tienen una mayor apertura para modificar hĆ”bitos y conductas que les permiten cuidar su alimentación, desde el punto de vista preventivo respecto del desarrollo de enfermedades no transmisibles, o simplemente para cuidar su apariencia fĆ­sica 4–6.Ā 


El género masculino se rige por una hegemonía e ideas culturales que forman el concepto de masculinidad. Por ejemplo, parte de estas conductas tradicionales estÔn ligadas al aspecto cuantitativo y la orientación del comportamiento sexual. El ideal de masculinidad es que un hombre debe ser heterosexual con ciertas conductas en su comportamiento como ser asertivo, dominante, tener fuerza física y resistencia a la expresión de sus emociones. Aunque hay que aclarar que este ideal no tiene el mismo significado para todos los hombres por el simple hecho de ser hombre, pues se debe considerar dentro de un contexto socio-cultural mÔs amplio.


En resumen, el estereotipo de masculinidad queda definido por tres aspectos generales: comportamiento sexual, comportamiento social y apariencia fĆ­sica. En pocas palabras, ser hombre es sinónimo de valentĆ­a, fuerza y musculatura. El modelo hegemónico de la masculinidad marca las caracterĆ­sticas ā€œde ser verdaderamente hombreā€, este patrón se fortalece con la socialización y se construye desde niƱos10. La presión por cumplir las normas sociales de la masculinidad genera, de manera directa o indirecta, estrĆ©s innecesario en los hombres poniendo en riesgo su salud.Ā 


Algunos hÔbitos y conductas que afectan negativamente la salud del hombre son el tabaquismo, el alcoholismo, el abuso de sustancias adictivas, el sedentarismo, los desvelos, la violencia interpersonal, la presión de tener el rol de proveedor, el conducir ebrio o a alta velocidad, la actividad sexual de riesgo y, por supuesto, la mala alimentación. Todas estas conductas permiten comprender, en parte, las prevalencias de enfermedades no transmisibles, la baja calidad de vida y, en casos mÔs extremos, hasta las muertes prematuras en las estadísticas de salud de los hombres. Un claro ejemplo de cómo influye la concepción de género sobre los hÔbitos de alimentación es las idea popular de que el consumo de carne roja es para el género masculino, mientras que el consumo de vegetales estÔ estereotipado para las mujeres3,9.


Sin embargo, la percepción de la masculinidad ha ido cambiando con el tiempo. Los nuevos conceptos incorporan aspectos positivos que promueven conductas, comportamientos y estilos de vida mÔs saludables, siendo los hombres mÔs jóvenes los que cuidan mejor su salud. En hombres jóvenes y de mediana edad es mÔs común escuchar plÔticas sobre cómo la modificación de sus comportamientos o el adoptar nuevos los ha librado de algún daño o accidente. Por el otro lado, entre mayores son los hombres, el tema de conversación se centra en presumir los daños o accidentes que sufrieron como consecuencia de sus comportamientos, como un acto de gallardía o arrojo, pues exponerse a los riesgos aumenta el grado de hombría. 


Generalmente, el cambio en la alimentación y un estilo de vida saludable en los varones de mayor edad se da cuando padecen enfermedades no transmisibles en un estado de gravedad, como, por ejemplo, cuando se presentan complicaciones en la diabetes, hipertensión o problemas cardiovasculares.2,9,11


Los programas de salud pública encaminados a cuidar la salud integral de los varones tienen como barrera el estereotipo de la masculinidad. Para cambiar los hÔbitos de salud y alimentación es necesario romper el paradigma social, por lo cual estos programas requieren de un gran apoyo con un sustento tanto médico y psicológico, que se entrelace con la cultura y las tradiciones mexicanas. 


Artículo original del blog Hablemos Claro, escrito por Dra. Janeth Margarita Ventura Sobrevilla. Miembro de la Asociación Mexicana de Ciencia de los Alimentos (AMECA)

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